He
aquí un concepto muy útil y no siempre correctamente comprendido. En la
práctica del Tai Chi Chuan resulta imprescindible, y más aún, si cabe, en el
Arte de Vivir.
No
se debería confundir la flexibilidad con la debilidad. Los antiguos maestros
taoístas enseñaban que la flexibilidad era el signo de la vida, así como lo
rígido es el de la muerte.
La
debilidad, sin embargo, carece de flexibilidad, realmente es una falta de vitalidad
y puede disfrazarse de falsa flexibilidad cubriéndose con un manto ilusorio. La
debilidad también cede ante los retos de la vida, pero después no levanta, no
verticaliza, no se yergue sobre si misma.
Existe
una imagen metafórica que explica perfectamente el sentido de la flexibilidad y
es la del junco. Cuando el viento azota con fuerza, el junco no lucha contra
él, sencillamente se inclina y cede para sobrevivir, pero cuando éste cesa,
recupera la verticalidad, vuelve a su estado original, retorna a señalar las
estrellas del firmamento.
En
cambio, si el junco está debilitado, cuando el viento azota, también cede, pero
no para sobrevivir, sino por incapacidad para ser flexible, ya que cuando este viento
cesa, no vuelve a apuntar hacia el cielo, no recupera ya su estado inicial, ni
logra la verticalidad.
Por
lo tanto, vemos claramente que para ser flexible se han de establecer ciertos
principios que deben darse a la vez.
En primer
lugar, se ha de tener fortaleza, control y voluntad, pero entendida
correctamente, me refiero a la voluntad de llegar a tu objetivo, no a la voluntad
de mantener una forma concreta para lograrlo. Si te apegas a la forma, a lo
visible, sucumbes; si lo haces a la esencia, a lo invisible, sobrevives.
Hay
que sostener firmemente fijado en nuestra conciencia, nuestro objetivo, nuestro
destino y propósito, para que nada ni nadie consiga que nos olvidemos de él.
Podremos ceder temporalmente en la forma, pero jamás olvidar hacia dónde vamos.
Si optamos por ser flexibles, esa es la manera de retornar a nuestra aspiración
después del huracán.
En
el mundo físico la flexibilidad se cultiva con estiramientos controlados,
progresivos en los que se trabajan los tendones. Se podría decir que el cuerpo
físico va cediendo en rigidez para alcanzar progresivamente lo flexible.
Por
otro lado, es necesario dominar la flexibilidad para poder adaptarse a lo que constantemente
va cambiando.
En
la vida ocurre lo mismo, no hay diferencia, lo que hay que trascender son los
elementos en los que hay que verlos. Por este motivo es tan necesario la
meditación, pues nos va capacitando para poder reconocer la verdadera
naturaleza de las cosas, a través del velo de su apariencia.
En
la vida interior, la rigidez se traduce en el ámbito emocional en apegos y
miedos que nos impiden cambiar, y en hábitos e ignorancia en el ámbito mental
que imposibilitan el recorrido de nuevos senderos.
Si
nos preguntamos por qué no somos flexibles a nivel emocional e indagamos a
fondo, podremos ver la huella del ego que impone su ley, susurrándonos a gritos
que nosotros somos así, que no podemos cambiar y peor aún, que no queremos
cambiar nuestros apegos ni nuestros miedos puesto que nos hemos identificado con
ellos hasta tal punto que sin ellos sentimos que no somos nada, no sabemos
existir. Nos aferramos a lo que nos gusta y a lo que nos disgusta para
definirnos, por lo que imponemos unas condiciones en la cuales la flexibilidad
del cambio no puede arraigar, crecer, vivir… la flexibilidad se muere antes de
nacer.
Tenemos
que liberarnos del yugo que nos esclaviza bajo los nombres de apegos, gustos,
temores, manías. Hacer lo que hay que hacer sin estos tiranos. Ser libres para realizar
el propósito de nuestra vida, el cómo lo hagamos no es trascendente, pero sí el
lograrlo. Tal vez, en ocasiones, transite por senderos de tristezas y temores,
esos son los huracanes de la vida, cuando pasen volveremos a la verticalidad
que busca lo sagrado en las estrellas, en lo superior, en lo inmenso y profundo
de la naturaleza del universo.
Si
nos preguntamos por qué no somos flexibles a nivel mental encontraremos
nuevamente la sombra del ego imponiendo su ley a “martillazos” de la mano de
los hábitos y la ignorancia. Cuando trazamos un camino el ego recela ¿para qué
cambiar? Lo que persigue el ego es vivir de costumbres, de hábitos creados que
nos ciegan la consciencia.
Y
los hábitos pueden ser manifiestos o soterrados, burdos o sutiles, materiales o
de aspecto espiritual. Existen hábitos que consisten en hacer poco, otros son
de hiperactividad y constante búsqueda de aventuras y actividades que esconden
el miedo a la soledad y al silencio.
El
ego se alimenta de ellos para crecer. Los hábitos secuestran la consciencia, el
conocimiento, nadan en la ignorancia y oxidan la capacidad de llegar a la
Sabiduría.
Busca
ser consciente de todo lo que realizas, dices, piensas y sientes.
Busca
ser consciente de todo en lo que te abstienes, callas, ignoras o eres indiferente.
Para
practicar la flexibilidad que nos transforme interiormente hemos de cultivar el
desapego y la confianza en lo emocional, así como la conciencia y el
conocimiento en lo mental, sólo de esta manera se alcanza la Sabiduría de la Flexibilidad.
Practica
sin cesar en el desarrollo de esta cualidad, tanto externa como internamente y retornarás
a la Vida, te reconocerás en comunión con toda la naturaleza.
Interiorízala.

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