domingo, 24 de febrero de 2019

ADHESIÓN

He aquí uno de los aspectos más significativos y característicos de la práctica del Tai Chi Chuan. A la mayoría de las personas les deja perplejos y asombrados esta faceta, sobre todo a los que posean una mentalidad marcadamente occidental. Es un tema clásico de este Arte Marcial.

En esencia es una aplicación más de lo lleno y lo vacío, de lo pleno y lo débil, pero debido a su peculiar y trascendente uso en la vida cotidiana, está justificado dedicarle más tiempo para ayudar a su comprensión y puesta en práctica.

El principio de adherencia se fundamente en que al ser atacados, al recibir una energía yang, nosotros mostramos nuestra faceta yin, de tal modo que su impulso encaje en nuestro vacío, también se podría explicar como la táctica de envolver el yang externo con nuestro yin y así encapsularlo hasta agotarlo.

Por otro lado, cuando descubrimos algún yin (debilidad) en el oponente, rápida y automáticamente le proyectamos nuestro yang, de tal forma que no haya distanciamiento entre su retirada y nuestro seguimiento. De esta forma se anula la oportunidad del reataque, evitando la separación entre el oponente y nosotros.

Este principio, en la práctica, es sumamente escurridizo y sutil.

Se podría sintetizar la esencia de la adherencia en dos frases:

Cuando viene hacia mí, jamás me encuentra.
Cuando se retira, siempre le acompaño, nunca me separo.

No generar distanciamiento con el oponente. Cuando me enfrenta, encuentra un fantasma, cuando se retira encuentra una montaña que le sigue.

La práctica de este principio requiere tener entrenados los aspectos de la concentración y la agilidad. El primero para percibir instantáneamente el cambio de ritmo en el oponente, la segunda para adaptarnos automáticamente a él. No es suficiente con lo que yo quiera hacer, sino percibir lo que el momento requiera de mí y me permita realizar.

Si en vez de tener una persona por oponente, tuviéramos algún obstáculo en la vida, podríamos intentar establecer métodos y estrategias para poder aplicar las mismas tácticas.

El verdadero oponente nunca es una persona, es la falta de recursos, la ausencia de capacidad en nuestro interior que nos impide solventar el obstáculo que la vida nos pone por delante. El verdadero oponente es la falta de concentración, de agilidad, de disposición total al cambio.

Hemos de detectar naturalmente cuándo viene yang del exterior y cuándo viene yin, cuándo nos empuja o cuándo nos atrae, cuándo nos impone y cuándo nos hace caer en sus redes. Para esto, inicialmente, se hace necesario dedicar tiempo a la meditación y al silencio, ya que es por esta vía por la que entra el discernimiento intuitivo, sin mediación de pensamientos. Cuando uno se encuentra en relativa calma y silencio, percibe la verdadera naturaleza de las cosas y puede adaptarse a ellas, ejecutando la táctica más oportuna en cada momento: la de adherencia, la del desvío o la de “aplicar un gramo a mil kilos” (potenciación).

El Arte de Adherirse al momento y fluir con él, se convierte en una maravillosa danza pletórica de la más pura Armonía. Cuando se logra cierto nivel, ya no se perciben oponentes, sino oportunidades yin que me brinda la vida para poder proyectar mis recursos yang; o bien obstáculos yang para poder recibirlos con mis capacidades yin.

Todo funciona armoniosamente como en un sistema de ruedas dentadas, consiguiendo un engranaje perfecto, donde si la vida me ofrece un saliente, yo pongo el hueco para encajar; si la vida me ofrece un hueco, yo aporto un saliente para rellenarlo y permitir que el círculo de la vida vaya girando y transmitiendo la energía universal de una rueda a otra, de un ser a otro.

Todo está fluyendo constantemente, todo va sincronizado, nada está aislado, ni mucho menos estático.

Medita y asume la realidad.

domingo, 17 de febrero de 2019

POTENCIACIÓN


Este principio se suele explicar con una imagen muy clarificadora que viene a resumir excelentemente la esencia de este aspecto a entrenar:

“… cien gramos pueden con mil kilos”.

Esta afirmación no parece del todo descabellada, a pesar de su rotundidad, puesto que todos conocemos lo que los antiguos griegos ya enunciaban: “dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”.

Los antiguos maestros se estaban refiriendo a la aplicación de lo que ha venido a llamarse el momento de la fuerza: “cuando recibas la fuerza del oponente, impúlsala con un pequeño movimiento circular que desarrolle más velocidad y energía de la que inicialmente tenía”.

Este principio consiste en actuar uno mismo como un acelerador de energías, haciéndola girar para aumentarle el momento de la fuerza, su potencia y lanzarla en una dirección que desequilibre al oponente.

Este movimiento se desarrolla mejor dentro de una curva y en ocasiones, se puede amplificar más a través de una espiral que multiplica enormemente la potencia.

Inicialmente, esta aplicación se parece bastante a la del desvío, con la característica de no soltar la energía sino de acompañarla con un giro que le dé más fuerza y velocidad. Como es natural, esta técnica tiene su momento de aplicación, antes no tiene sentido, ya que el oponente puede corregir los efectos de nuestra acción; después, ya es tarde, pues ha conseguido entrar en nuestro círculo de seguridad y está muy próximo a nuestro centro de equilibrio, por lo que tendríamos que ser unos verdaderos maestros para evitar el desastre.

Para aplicar esta técnica se ha tenido que desarrollar previamente la de seguimiento o adherencia y la del desvío, combinándola con una apropiada agilidad que nos permita imprimir la rapidez necesaria de movimientos.

Si desarrollar este aspecto en el Tai Chi Chuan es complicado y necesita de tiempo, así como de una singular maestría previamente despertada en otras técnicas, su aplicación al terreno de la vida cotidiana es todo un reto.

La transformación interior que se consigue cuando se domina este aspecto es digna de los legendarios alquimistas: usar una fuerza o problema que viene hacia ti de tal forma que en vez de que te alcance, te desestabilice y te haga caer, te ayude a ser mejor, más estable, más fuerte, seguro y sabio.

La transmutación de las fuerzas es lo que opera en la esencia de este arte.

Por ejemplo, si a tu vida llega la pobreza, no dejes que te derribe, úsala para mejorarte. Inicialmente no te opongas, no la rechaces, acéptala, sería absurdo y torpe el negar lo que ocurre. Hacerte la víctima es dejar que alcance el objetivo de tu equilibrio, de tu corazón, es hundirte y caer de bruces en sus brazos, en su dominio.  No olvides que desde la aceptación inicial es como únicamente podrás construir la estrategia a seguir y los recursos a utilizar. Si ya eres consciente de que lo tienes, úsalos, si no, debes despertarlos, porque todos están dentro de ti, solo que dormidos.

La actitud de Potenciación pasa por reactivar estos recursos que yacen en ti. Abraza las dificultades, acéptalas como un reto, dales la bienvenida pero recondúcelas haciéndolas girar dentro de ti para que no lleguen a tu centro y te desestabilicen. Aprende de la fuerza y el poder que guarda dentro de sí ese dragón llamado obstáculo.

Te ofrece inteligencia, desapego, liberación y valor, te muestra el sendero de la paciencia, te aporta fortaleza y dominio de tus deseos, que te conducirán en el sendero de la paz interior.

Que sucumbas o te hagas más fuerte sólo dependen de ti, de tu actitud y tu entrenamiento.

Con este sencillo ejemplo se puede apresar la esencia de la técnica del Arte de la Potenciación. Nunca caigas en las redes de los problemas, úsalos para salir más capacitado de lo que estabas antes de que te llegaran, potencia sus efectos sin que te derriben y dirígelos hacia tu crecimiento interior, las dificultades te catapultarán.

Medita y aprende a percibir la verdadera fuerza de las cosas.

Úsalas para potenciar lo que hay en ti.

domingo, 10 de febrero de 2019

DESVÍO

Este aspecto es mucho más conocido que el anterior y consiste en no presentar oposición a la fuerza, no buscar la confrontación, sino seguir la trayectoria inicial con algún pequeño cambio de rumbo que proporcionamos, de tal manera que la energía no logre alcanzar su objetivo.

El flujo de la fuerza no se rompe, no se corta, no se destruye, no colisiona, sino que es reconducido hacia otra dirección.

El Arte del Desvío se lleva a cabo cuando acompañamos la fuerza que viene hacia nosotros y la “invitamos” a que coja otra dirección.

Es importante reconocer de dónde proviene esa fuerza, su origen y hacia dónde se dirige, su objetivo. Cuando sentimos que va hacia nuestro centro de equilibrio y estabilidad, hacia lo que percibimos como “yo”, es cuando ponemos en práctica el arte del desvío.

Para ello hemos de encontrar el momento apropiado para aplicar esta técnica, ya que si se comienza antes de su debido tiempo, no será de utilidad, poniendo de manifiesto nuestra intención y volviéndonos vulnerables. De la misma forma, si se inicia después ya es demasiado tarde y no podremos desviar la enorme ola de energía que nos vendría encima.

Gran parte de este arte consiste en calmar el temor, aquietar la mente y agudizar la conciencia para poder apresar el momento adecuado en el que se debe aplicar.

Otro gran principio estriba en redirigir la energía hacia donde no nos desestabilice, hacia nuestra parte yin, liviana, para que ésta pueda recoger esa proyección de energía sin que ataque directamente a nuestros pilares, a nuestro yang, sin que nos logre desequilibrar.

Desviar es la opción que utilizamos normalmente cuando no deseamos lo que viene hacia nosotros. Muchos optan por rechazarla frontalmente con el gran desgaste energético que ello conlleva. Evitar la confrontación con la fuerza del oponente es la esencia de este arte.

Para entrenar el desvío en el momento oportuno, debemos establecer conexión con el adversario para saber cuándo aplicarlo, generalmente esta ocasión corresponde con brechas en su concentración, grietas en su atención por donde podemos entrar.

El verdadero objetivo del desvío es el de mantener alejada la fuerza de nuestro centro.

La proyección de la fuerza yang que el oponente realice nunca debería acercarse al centro de nuestro equilibrio, ya que si así fuera, seríamos vencidos. Se ha de mantener la emoción serena y la mente aquietada para agudizar nuestra atención y poder percibir cuándo iniciar el desvío y en qué dirección. En el momento oportuno hay que reaccionar rápida, ágil y energéticamente para que el ataque sea en vacío, desviando con autoridad la trayectoria inicial.

Como se puede observar, la serenidad, el silencio mental, la agilidad, la concentración y el seguimiento son elementos vitales para realizar el desvío con garantías.

Es importante entrenar el desvío en lo físico, para poder apresar la sutilidad de su esencia, de sus leyes, integrándolas dentro de ti, para poder llevarlas a otros planos de la vida. Hasta ahora todo lo dicho es aplicable en cualquier dimensión de la existencia, no sólo a nivel físico.

Muchas veces, cuando nos viene una fuerza inesperada no sabemos desviarla adecuadamente, no hemos entrenado lo suficiente, por lo tanto ignoramos el origen, el momento oportuno de aplicación y hacia dónde dirigirla. Nos falta calma emocional y claridad mental, nos sobra mucho apego y miedo, dureza y rigidez, somos como el granito, sin apenas flexibilidad. En estas condiciones, si consiguiéramos desviar esa fuerza tal vez no lo hagamos hacia nuestra parte yin, sino que afectaría a nuestros cimientos, a nuestro equilibrio emocional y mental.

Es de vital importancia acrecentar, potenciar y despertar la conciencia de los recursos que tenemos en nuestro interior, reconocer dónde están nuestros “yins” y nuestros “yangs”, nuestras debilidades y nuestras fortalezas, lo banal y lo trascendente, lo que puedes dejar en el camino y lo que son tus fundamentos y por lo tanto no debes abandonar.

Encontrar el origen de la fuerza hacia nosotros es una asignatura pendiente para la inmensa mayoría. Normalmente, lo que siempre decimos es “¿por qué va a por mí?”, “yo no le he hecho nada para que me ataque”, “la ha tomado conmigo” y multitud de frases similares. En el motivo subyacente de la ofensiva está el origen de la fuerza, por eso es de vital importancia encontrarlo y reconocerlo, porque es probable que podamos llegar hasta la fuente y desmontar esa proyección energética hacia nosotros antes de que salga, evitando tener que aplicar la técnica del desvío. A veces el origen está en la incomprensión, en falsas opiniones, envidias, rencores, miedos, etc… todo un abanico de sentimientos que podemos levantar en los demás en contra de nosotros.

Si bien ya hemos averiguado el origen de la fuerza, es importante reconocer hacia dónde se dirige: hacia lo que el oponente cree que somos “nosotros”, nuestros pilares, nuestra identidad.

Muchas veces lo ponemos muy fácil ya que ese “nosotros” está artificialmente hinchado de lo que realmente no somos, pero que lo hemos asimilado como propio de nuestro ser, podría decirse en otras palabras que estamos mostrando un blanco enorme, fácilmente abatible.

Es bien sencillo derribar a quien se identifique, por ejemplo, con su trabajo, ya que se sentirá herido cuando se le ataque en este aspecto. Cuando alguien se identifica con la vestimenta que porta, muestra un gran blanco para poder ser atacado, lo mismo que cuando se identifica con su casa, con su vehículo, con sus gustos, con sus opiniones, etc…

Ahora se puede percibir con claridad la cantidad de blancos que mostramos al mundo, así es bastante fácil sufrir cualquier tipo de ataque, no es necesario ahondar mucho. Cuanto más espacio vital ocupe la personalidad, más vulnerables nos volvemos.

De esta forma, el objetivo de la fuerza proyectada hacia nosotros se convierte en una diana de dimensiones muy grandes, un “yo” aumentado. La propuesta que les sugiero es localizar dentro de ese inmenso “yo” lo que en verdad no somos y dejar de tener que defenderlo, desapegándonos de ello. Al soltarlo, la diana va decreciendo en su tamaño y muchos de los ataque que iban dirigidos hacia allí, ni siquiera merecen la pena desviarlos, ya que no afectan a nuestra verdadera naturaleza, a nuestros cimientos, a nuestra estabilidad y equilibrio.

De esta manera vamos reconociendo en nuestro interior muchos aspectos “yin” que no son necesarios defender y hacia los que se pueden dirigir la proyección de la fuerza sin que nos preocupe lo más mínimo.

Si la fuerza no se va destinada a derribar tu equilibrio, déjala pasar y si va hacia él desvíala resueltamente.

Medita y entrena en todos los planos para saber desviar.

domingo, 20 de enero de 2019

FLUIDEZ

Para poder obtener una compresión más plena de este aspecto podríamos recurrir al concepto del deslizamiento, de la naturaleza del agua, de la mínima fricción entre elementos.

Cuando algo fluye, no hay esfuerzo, no hay desgaste ni oposición alguna. Lo que si hay es aceptación de la realidad, adaptación a ella y aprehensión del sentido de lo que está ocurriendo, a la vez que mantenemos una actitud de colaboración en todo momento. No me refiero a la aceptación como rendición, sino como primer paso necesario para poder establecer una adecuada respuesta. Negar lo que ocurre te inhabilita poder cambiarlo.

No puede existir interrupción alguna en la acción, por el simple hecho de que la vida misma es continua, aunque cambie en su forma. Cuando vemos a un practicante de Tai Chi Chuan fluyendo armoniosamente con sus movimientos al igual que lo hacen las hojas de los árboles con la brisa de la tarde, nos puede parecer que todo es muy fácil y sencillo.

Pero no lo es. Hemos de atrapar las claves que rigen la fluidez, la esencia que la anima para poderla llevar a cabo allí donde nuestra voluntad decida, ya sea en el mundo externo o interno.

Se logra fluir en el Tai Chi Chuan cuando realizamos cada nueva forma naciendo de la anterior, sin interrupción, sin obstáculos, con una respiración continua, profunda y a la vez suave, con armonía entre las figuras que dibuja el cuerpo, la proyección de la energía, la pacificación de la emoción estable y el vacío de la mente libre.

La gran maestra por excelencia es el agua. Ella nos enseña maravillosamente cómo ha ser nuestro comportamiento. Todos recordamos la enseñanza de los maestros taoístas cuando nos aconsejan: “Sé como el agua”.

Observemos que la “voluntad” del agua, su propósito, estriba en llegar al mar, y no en cómo hacerlo, de eso ya se encargará la Vida. El método y la forma a seguir no le preocupan, por eso no se molesta en luchar, se adapta y cede porque no va en ello su interés. Cuando encuentra una montaña en su camino, la bordea; cuando se topa con una piedra que le impida el paso, la envuelve. Tampoco tiene prisa, dispone de todo el tiempo de la existencia, ¿para qué apresurarse? Es brava y corre cuando así le dicta el entorno. Es mansa y suave cuando el desnivel lo permite, no está apegada a la apariencia ni a la forma, por eso las contiene todas. Por ello, estos aspectos no afectan al agua, sabe que su destino ultérrimo es el mar y eso le basta.

El ser humano tiene que aprender mucho del agua.

En primer lugar, la mayoría de las personas no tiene definida cuál es su verdadera voluntad, su destino, su propósito en la vida, con la claridad que lo tiene el agua, por lo que va de aquí para allá, malgastando su tiempo y energía, sin orientación que encamine sus pasos. Es necesario saber lo que se quiere, reconocer el anhelo íntimo que tira de ti, que te inspira a cada instante, para poder fluir hacia él sin interrupciones. No se debería olvidar en ningún momento de la vida.

En segundo lugar, caso de haber reconocido el propósito, la persona se haya generalmente apegada a la forma en que ha de llevar a cabo esa voluntad, dilapida su tiempo en las apariencias, imponiendo condicionantes en aspectos que son triviales, desviándose continuamente de su propósito para poder atender a la forma en que quiere conseguirlo. Por ese motivo, se va dando encontronazos con todo lo que se le cruza, no se adapta a nada, pensando que el mundo tiene que acomodarse a la forma requerida por él.

En tercer lugar, el ser humano no tiene la paciencia del agua ya que se ve como algo efímero y temporal, no como la vida que existe de forma continuada. Por lo que se apresura torpemente en alcanzar el objetivo que definió para sí mismo, con las limitaciones propias que la vía elegida impone.

Tal vez ahora podamos ver más claramente los errores que se suelen cometer y que nos impiden fluir: la falta de orientación clara, la exigencia en la manera particular de conseguirlo, y por último, la definición de un corto periodo de tiempo para llegar al objetivo.

Deberíamos aplicar humildad para adaptarnos al entorno y ceder en lo que no importa (la forma), profundizando en nuestro ser más interno, sin engaños, manipulaciones externas o propias, ni estereotipos de ningún tipo; reconocer en nuestra naturaleza real lo que verdaderamente importa (percibir claramente nuestro objetivo y propósito en la vida) y, por último, saberse eterno, no en cuerpo, sino en vida. Los maestros ya han dicho que la vida no tiene contrario, lo opuesto a la muerte es el nacimiento.

Fluye libremente hacia tu propósito en la vida, no te apegues a tus formas, a tus miedos, a tus alegrías,  a tus hábitos o tus gustos, porque si te quedas parado y quieto, sufrirás el envite del universo entero que no cesa de fluir. No atrapes nada, suelta, libérate y colabora resueltamente con el sentido de lo que ocurre en cada momento.

domingo, 13 de enero de 2019

AGILIDAD

Esta propiedad es tan familiar a nuestra mentalidad, que apenas profundizamos lo suficiente como para poder atrapar su verdadera naturaleza, su esencia.

Para entrenar la agilidad hemos de saber adaptarnos a nuevas situaciones de forma intuitiva, sin elucubraciones mentales, sin pensamientos previos. Por lo tanto, ha de mantenerse una mente libre de obstáculos para que pueda captar el sentido de lo que ocurre en cada momento; se ha de estar concentrado en el Aquí y el Ahora.

Por un lado, habría que entrenar el cuerpo físico para que sea vehículo eficaz y rápido antes los cambios imprevistos, por ello han de cultivarse la fuerza y la elasticidad en grado suficiente y armonioso.

Adicionalmente a la agilidad, hay que tener bien presente la capacidad de mantener el equilibrio de forma continuada, ya que de nada sirve ser ágil si nos descentramos y caemos con los cambios realizados.

Todo esto viene integrado en una disposición energética apropiada y lista para entrar en funcionamiento a la más mínima señal.

La agilidad se debe entrenar en múltiples ocasiones y en diferentes escenarios. Repetir y repetir los movimientos, unas veces lentamente, para apresar su esencia y equilibrio, y otras de forma dinámica, más rápida, para poder capturar la esencia del cambio dentro del equilibrio del movimiento.

Cuando hayamos asimilado los elementos que intervienen en la agilidad física, podremos adentrarnos en la sublimación de esos elementos a nivel interno.

Aquí todo es mucho más difícil. En el mundo físico, así como en el resto de planos, la agilidad se consigue aceptando lo que está ocurriendo sin poner obstáculos, reaccionando rápidamente. Se pueden imaginar lo que ocurriría si, ante los cambios que nos acontecen, nuestra actitud fuera la de negación de la realidad, utilizando frases como “no puede ser”, “esto es injusto”, “¿por qué a mí?”, y así un larguísimo etcétera. Con esta actitud perderíamos la agilidad del cambio ya que derrocharíamos un tiempo precioso dialogando con los pensamientos, en protestas inútiles y para cuando de nuevo nos “asomemos” a la realidad ésta ya habrá cambiado, surgiendo dentro de nosotros nuevas negaciones, y así constantemente. Por ese motivo, con frecuencia, nos va tan mal ante los acontecimientos que nos salen al encuentro, pensamos demasiado y actuamos tarde, mal y sin relación con lo que en ese momento está sucediendo.

Todo esto se vuelve mucho más escurridizo en el plano emocional así como en el mundo mental.

Deberíamos practicar una cierta desafectación ante las emociones que brotan de nuestro interior, reconocer que, aunque sean naturales, no deberían ser salvajes, al igual que la lluvia, que siendo fina y suave trae la vida y si cae torrencial, la aniquila. Cuando en ocasiones nos sintamos tristes y deprimidos, es muy útil recordar que ese sentimiento es temporal y no dejar que nos arrastre hasta perder el equilibrio, no olvidemos que ésa es la joya que nunca hay que soltar, la de la armonía. Lo mismo ocurrirá cuando nos sintamos eufóricos, sería aconsejable desafectarnos lo suficiente como para poder coger distancia y no perder el equilibrio. Igualmente es aplicable a las otras emociones como el miedo, la desesperación, etc.

Si bien las emociones surgen de nosotros, no somos ellas, son una emanación de nosotros. Nosotros somos quienes producimos el sentimiento, la emoción; somos el creador, no lo creado; intentemos romper los lazos que nos hacen creer ser lo que no somos; el sol no es su radiación, es mucho más. Con la práctica de la meditación podrás distinguir entre tu real naturaleza y lo que emana de ti. Sólo así, liberándote lo suficiente de los elementos emocionales, es como puedes llevar a cabo la agilidad del cambio a este nivel. Si estás apegado no querrás soltar, te faltará presteza y perderás la capacidad de adaptarte al cambio constante de la vida.

En el mundo mental ocurre algo similar, pero en vez de trabajar el desapego de tus emociones, hay de trabajar el desarraigo de tus opiniones, en el sentido de no depender de ellas, de no depender del reconocimiento que los demás hagan de ellas. No necesitas llevar la razón en todo para poder estar seguro de ti mismo, así sólo alimentarás un falso equilibrio que lo hará depender de otros. Recuerda que no debes soltar esa joya divina que es la armonía.

Uno de los principales enemigos en el mundo mental es el hábito que te inhabilita la conciencia y te imposibilita el cambio, te vuelve torpe, sin capacidad de reacción, como un bloque monolítico. En el plano mental hay que cultivar el Aquí y el Ahora, por ejemplo fíjate en cómo te atas los cordones, cómo comes, cómo respiras, qué postura tiene tu espalda, cómo tienes tus hombros, cómo caminas o corres, hacia dónde diriges tu mirada. Mantenerse aquí y ahora es practicar conciencia y por lo tanto, las condiciones idóneas para entrenar agilidad y reaccionar prestos y adecuadamente a los cambios de la vida.

Cuando consigas la libertad de tus emociones, de tus opiniones y de tus hábitos, mediante el correcto entrenamiento constante de una observación fina y aguda, podrás fijar todo avance a través de una apropiada meditación dentro de tu Sagrado Silencio Interior, podrás capacitarte para cambiar en cualquier momento y te volverás ágil, no estarás atado a nada, excepto a tu consagrado equilibrio.

Surfea la Vida.

jueves, 6 de diciembre de 2018

VERTICALIDAD


El aspecto verticalidad merece tratarlo con cierto detenimiento, bajo una perspectiva integral y no sólo geométrica.

Alcanzar la verticalidad no consiste en poner la espalda derecha y los hombros hacia atrás con la frente alta. Ni mucho menos, todo lo contrario, esta vieja forma estereotipada se distancia del concepto que quiero trasladar en esta ocasión.

Los antiguos maestros iban mucho más allá de la forma. La verticalidad física pasaba desde rectificar el sacro, enderezándolo de forma natural, alineando la espalda y el cuello hasta la misma coronilla, de tal manera que pareciera querer pintar con el “pincel” coronario en la cúpula del cielo. Otra imagen que funciona muy bien y que atrapan rápidamente los alumnos es la de imaginarse colgados del cielo por la coronilla, todo lo demás está suspendido libre y naturalmente.

Esto conlleva una serie de aspectos no menos importantes, por ejemplo, el pecho debe estar relajado y levemente hundido, pero no la espalda, sólo el pecho; los hombros deben estar caídos y bajos; el mentón debe estar recogido y suavemente inclinado hacia la tierra, para que de esta forma la coronilla pueda apuntar hacia el cielo.

En verdad esta figura nos recuerda la posición de un monje o maestro en actitud de recogimiento meditativo, de la que emanan profunda paz, autoridad, respeto y humildad.

La esencia de esta verticalidad no es otra que la que posee la llama de una vela, la verticalidad natural de los árboles. Como ocurre con el aire caliente, lo superior dimana de un estado energético más elevado, por lo tanto es más liviano y se expande, siendo más ligero, tendiendo a subir verticalmente.

De la misma manera, la llama interior y la energía del Qi, deben encontrar el camino ya alineado para poder llegar hasta la coronilla desde el sacro. La finalidad de la verticalidad del cuerpo físico no queda en este plano, sirve de armazón donde se apoya la energía interior para su elevación. Ésta a su vez, forma la estructura más idónea sobre la que se desarrolla la emoción para poder elevarse y sobre ésta la energía mental se alza como la llama de una vela.

Ser verticales significa trascender lo horizontal, lo plano, lo cotidiano, significa elevarse sobre uno mismo, transmutarse hacia una naturaleza de más alta vibración. No es necesario renunciar a lo horizontal, sino simplemente desapegarse de ello para poder emprender el vuelo hacia lo superior sin que nada en este mundo nos ate.

Todo es un sistema que empieza en el físico y verticaliza todos los planos del ser humano. Desde una perspectiva integradora podemos observar la llama humana vertical y serena, irradiando plenitud, energía y luz.

Por todo ello, es tan importante alcanzar la verticalidad dentro del mundo del Tai Chi Chuan y de la vida en general.

domingo, 25 de noviembre de 2018

ENRAIZAMIENTO

Este aspecto es un clásico del Tai Chi Chuan y del Qi Gong. Por enraizamiento se entiende el estado en el que la Madre Tierra y tú, sois Uno.

Todos sabemos de los circuitos energéticos que recorren el cuerpo.  La acupuntura trabaja con ellos para restablecer la salud. De todos ellos hay uno de vital importancia que comienza en la planta de los pies, y muchos de ellos finalizan o terminan en los laterales de las uñas. El enraizamiento consiste en desarrollar una conexión de esos canales con la Tierra.

Con la práctica y un adecuado entrenamiento, basados en una correcta respiración, se consigue despertar esa conexión a través de las plantas de los pies, de tal modo que progresivamente se va estimulando la conectividad de esos canales energéticos, desarrollándose en profundidad y fortaleza, diversificándose y  adentrándose en la Tierra, a modo de raíces, pero en este caso, no físicas, sino raíces energéticas.

Cuando se ha conseguido un enraizamiento adecuado, se siente la fuerza de una montaña y uno se vuelve prácticamente inamovible. Los pies no pisan simplemente el suelo, sino que parecen como si se expandieran para abrazar mejor la Tierra, abriendo los canales para que la energía comience a fluir en ambas direcciones.

La esencia del enraizamiento es la de establecer enlace sólido con nuestro “hogar”, la Tierra. Física, energética, emocional y mentalmente provenimos de ella y a ella volveremos. La fuerza telúrica actúa en el practicante de Tai Chi Chuan como un resorte de amplificación de la energía proyectada hacia ella desde nuestro Dantien.

Cuando se medita en ello, se descubre que uno mismo y la Tierra, son lo mismo, que no existen diferencias significativas, simplemente parte del material de la Tierra se ha reagrupado temporalmente para forjar ese sueño que es el milagro de la vida individual manifestada, hasta que ese sueño se diluya.

El enraizamiento es el reconocimiento de esa unidad, no sólo a nivel mental, sino también a nivel emocional y energético. Representa la comunión con la fuerza telúrica de la Madre Tierra, la identificación con ella.

Enraizar significa buscar tus cimientos, aquello que es inamovible. El árbol se basa en la raíz para crecer. Debemos buscar nuestras raíces, nuestra esencia original y crecer desde ella. Cuando una persona basa sus raíces en opiniones, fácilmente viene el huracán de la vida para tumbarla. Deberíamos ir más allá de las opiniones, ahondar y buscar lo que existe en lo más profundo nuestro.

En esta búsqueda se debe de tener mucho cuidado, porque buscamos las raíces y tal vez lo que hallemos no concuerde con nuestras expectativas. No busques lo que te gustaría encontrar. Hay que desplegar una cierta valentía porque no sabes lo que puedes hallar. Siendo sinceros es como únicamente se puede crecer, porque en esa sinceridad está la garantía de tu imparcialidad. Sólo si encuentras tus raíces podrás crecer.

Aprende la técnica del enraizamiento y úsala, jamás te sentirás solo, percibirás la fuerza de la Madre a través de ti.

Descubre y desarrolla tus verdaderas raíces.